Después de los éxitos indiscutibles como protagonista en Máxima Velocidad y la trilogía Matrix, y con algún tropiezo de por medio (Constantine), vuelve Keanu Reeves al cine con un policial negro al estilo gangsters de Chicago.
Keanu, nombre hawaiano de donde era originario su padre y que significa “brisa fresca sobre las colinas”, vuelve a la pantalla grande en una película al estilo “Los Infiltrados”.
Nacido en Beirut, Libano y nacionalizado canadiense supo incursionar en Hollywood como el galán de turno haciendo una buena química con Sandra Bullock en Máxima Velocidad y que repitió más tarde con La Casa del Lago fue llevándolo hacia su éxito taquillero máximo que llegó con la trilogía Matrix que revoluciónó el cine de ciencia ficción.
Luego de eso, no logró alcanzar nuevamente un éxito demasiado trascendente.
Llegó Constantine una mezcla de ángel vengador peleando contra los enviados del infierno y un ángel traidor, pero que no colmó las expectativas de crítica y público.
En este nuevo film, que se acaba de estrenar en Uruguay, Reeves protagoniza un policial negro, cargado de violencia y policías corruptos. Tom Ludlow (Keanu Reeves) es un policía de Los Ángeles de buena trayectoria, que tras la muerte de su mujer su moral se ve alicaída. Es parte de la corrupción policial diaria pero que se ve falsamente implicado en la ejecución de uno de sus compañeros, por lo que debe buscar al o los asesinos para limpiar su nombre yendo contra toda la policía cuestionando la lealtad de todos quienes lo rodean.
La película parece casi una fusión entre “Día de Entrenamiento” con Denzel Washington y “Los Infiltrados” con Leonardo Di Caprio, Mark Walbergh y Jack Nicholson. No agrega mucho a estás dos historias y no cuenta nada nuevo bajo el sol, aunque la acción y la historia nos van llevando por un camino oscuro y sinuoso que muchas veces uno no entiende muy bien donde están los límites morales que se traspasan una y otra vez y donde parece haber una “ilegalidad buena” y una “ilegalidad mala” donde el encasillamiento en una u otra de las acciones de cada policía pasa por la gravedad del asunto. Que el protagonista mate a un criminal a sangre fría y encubierta por sus compañeros pasa a ser de esa “ilegalidad buena”, mientras que el asesinato a sangre fría de un policía es visto por el guión como “ilegalidad mala”.
Impecable la actuación del veterano actor Forest Whitaker y también de Hugh Laurie, el actor que tantas veces vimos en TV como Dr. House. La actuación de Reeves no convence y es que todavía no se ha podido despegar del todo de ese papel de galán que no le queda mal en otro tipo de películas pero que no encaja en este estilo, aunque tampoco se lo puede desmerecer y es de suponer que el paso de los años y la pérdida de la aureola de “chico lindo de Hollywood” lo interne poco a poco en papeles de mayor solidez artística tal como le sucedió a tantos actores que en su madurez conquistaron su segunda época de éxito con sus actuaciones como le pasó a Sean Connery, Sylvester Stallone (en la notable “Tierra de Policías”), y muchos otros.
Se puede ver, es acción, entretiene pero le faltó mayor trabajo en la historia y el guión.
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“LOS REYES DE LA CALLE”











